Por: Francisco Félix
Con sus grandes ojos negros me contempló un rato, acercó sus labios a los míos, me besó y después huyó a esconderse entre las almohadas, como una niña al cometer travesuras, me acerque a ella y observé su rostro sonrojado, me vi reflejado una vez más en sus ojos de gacela asustada, e intenté devolverle el pecado que me había entregado con sus labios trémulos, ella se negó y dijo que estaba mal lo sucedido.
Hurí es la hermana menor de mi mejor amigo Carlos. A sus 17 años conserva la apariencia de nínfula, pequeña, delgada, cabellera rizada, su piel similar al brillo de la luna polar, sus ojos negros como el oscuro secreto que se intentó guardar. Algunas veces posó ante mi lente, sin que su hermano lo advirtiera, su rostro nunca apareció expuesto, pero me resultaba gracioso cuando Carlos veía las fotos en la galería y me decía: ― ¡Que buena esta esa tía!, espero te la hayas tirado ―.









